A la escucha de un rayo de sol

Como un domingo que hace honor a su nombre (al menos antes de la revolución cristiana), el sol irradia la plaza de Cascorro. En justa reciprocidad, habitantes y turistas (en una proporción cada vez más favorable a los segundos) se encuentran alborotadamente en aquel típico bazar madrileño conocido como El Rastro. La vista cuesta abajo hacia la Ribera de Curtidores muestra incontables cruces de cuerpos que se mueven como particulas atraidas y repelidas por los campos electromagnéticos que ejercen los tinglados ambulantes. A los pies de la estatua de la plaza, un monumento a los últimos rastros del colonialismo español en América, D4ns y Perikles esperan a Eek’, una antigua camarada de D4ns de sus viajes por Sudamérica. También hace honor a su condición de hacker (al menos, al estereotipo) con su hoodie negra puesta, de cuya capucha únicamente asoma un mechón largo y verde neón. El frío que aguanta el embite de los rayos de sol puede que también tenga que ver. El motivo del encuentro es aprovechar el fugaz paso por Madrid de Eek’ para echar un rato con D4ns y presentarle a Perikles.

Se escabullen por una callejuela en busca de un bar donde tomar un vermú, fieles a la tradición castiza. D4ns habla de uno que recuerda de hace muchos años y éste aparece al doblar la primera esquina. El letrero luminoso, apagado y con algunas letras desaparecidas, no permite ponerle un nombre inteligible. En el interior constatan que, efectivamente, lleva mucho tiempo ahí y ha resistido con ferocidad la modernización. No se puede pagar con tarjeta, solo efectivo. Como era de esperar de una hacker, Eek’ es la única de lxs tres que va preparada y, además, invita.

Ya sentados en una mesa, con el brebaje y las aceitunas delante, les cuenta que viene de Brasil y, haciendo escala aquí, se dirige a Italia, donde el bucle fascista vuelve a funcionar con un rendimiento al alza. Pero la conversación se centra en el lugar del que viene, más que en el de destino. Allí, concretamente en Porto Alegre y casualmente en un mercadillo popular, encontró un objeto que, tras leer la primera entrada de su blog en El Salto, pensó que podía interesarles. Mientras lo describe, abre la cremallera de un compartimento lateral de su mochila y lo coloca en la mesa. Se trata de una concha marina del tamaño de una manzana y color hueso con tonos rojizos que van alterándose según la luz impacta en los pliegues de su forma de espiral. Aún medio absortos por aquel exoesqueleto de algún molusco, D4ns y Perikles alcanzan a escuchar su explicación de que la punta de la espiral es una especie de “botón” que se puede presionar para que empiece a sonar lo que parece la grabación de un extraño evento. Les da la concha sonora, diciéndoles que ya lo comentarán cuando la escuchen. Perikles lo guarda en su riñonera, y la conversación gira hacia los talleres de seguridad digital que Eek’ va a impartir en Italia a medios comunitarios. Los vasos están vacíos, toca invitar de vuelta. Salen de nuevo a la fría y soleada calle para buscar un cajero automático.

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En la exploración del misterioso objeto, el primer descubrimiento son unas inscripciones en la parte baja de la espiral. Es necesaria una lupa y una posición oblicua para que la luz las revele. Unos signos cuneiformes semejantes al sumerio pero que, hasta donde llegan nuestros limitados conocimientos en filología arcaica, no conseguimos identificar ni remotamente. Para nuestra sorpresa, también hay otra inscripción en lo que parece una traducción, por la colocación justo debajo de la anterior. Esta vez la lengua si es reconocible, es portugués moderno y claramente es más reciente que la desconocida: “Banda Nika na Omniversidade de O’Hara”. Suponemos que esta “Banda Nika”, sea lo que sea, es la entidad que produce el contenido de la concha y la “Omniversidad de O’Hara” es donde tuvo lugar lo que fuese que grabó.

Al pulsar el “botón” que corona la espiral comienza a emitir sonido el interior de la concha. Una vez está en marcha, volver a pulsar detiene la grabación, pero no sabemos cómo rebobinar y adelantar, ni hacer que empiece desde el principio. Así que solo podemos ir parando a cada rato para meditar sobre lo que entra por nuestros oídos. Durante los 50 minutos (aproximadamente) de grabación, una música inunda el espacio. Ya la habíamos escuchado antes. O, al menos, una versión muy parecida. Tras un ejercicio intenso de memoria (tanto en nuestros cerebros como en el historial de navegación), damos con la clave. Resulta inquietante lo similar que es a Atlantis, el disco del músico de jazz Sun Ra y su “Astro Infinity Arkestra”. Pese a nuestras (también) limitadas habilidades de reconocimiento y análisis musical, podemos identificar lo que parece un clavinet, o clavicordio electrónico. Sun Ra lo llamaba su “instrumento de sonido solar” (“solar sound instrument”) y fue una pieza clave en el despliegue de su “electrónica del cuarto mundo”, como lo llama el escritor Kodwo Eshun en su libro Más brillante que el sol. La principal diferencia de la grabación  con el disco de Sun Ra, más allá de ligeras variaciones musicales imperceptibles para nosotros, es que, ocasionalmente, el volumen de la música baja y se superpone un coro de voces que, más que cantar, recita un discurso.

Las voces carecen de un género claramente asignable y más bien tienen tonalidades entre animales y maquínicas. Se van sucediendo con una continuidad armónica y se expresan en diferentes lenguas indistintamente, como si no tuviera importancia o si estuvieran en una especie de Babel operativa. Algunos lenguajes son irreconocibles para nosotros y solo podemos recoger lo que emiten cuando hablan en español, inglés o francés. En estas partes, piden a los humanos que accedan a aliarse con la Banda Nika en las “Guerras del Tiempo Lemurianas” contra el “Universo del Dios Uno” (UDU), aclarando que este fue el nombre que le puso William Burroughs, un “destacado agente del bando lemuriano”, al “programa de control dominante que, a cargo del Imperio, configura la realidad”. Más concretamente, lo que Norbert Wiener conceptualizó como “cibernética” es la actualización definitiva de este programa. Un intento de poner fin a toda resistencia mediante el sometimiento de todas las realidades alternativas a la categoría de ficción absorbidas por el UDU. Así, “desaparece al confundirse con la supuesta realidad única”. La cibernética constituye la “metaficción absoluta”.

Entre extrañas melodías que tan pronto evocan un paraje selvático lluvioso como parecen transportarnos en expediciones intergaláticas a hipervelocidad, siguen sucediéndose las intersecciones en diferentes lenguajes. Conforme avanza la grabación cada vez es más difícil distinguir momentos “musicales” y momentos “discursivos” hasta el punto de conformar una maraña sónica de la que, cada vez más ocasionalmente, emergen algunos islotes lingüisticos a los que agarrarnos. Exhaustos por el viaje, detenemos la grabación. La concha, que parece cargarse de luz cuanto más sonidos emite, queda a buen recaudo en el Octopus, nuestro garito de confianza, a la espera de retomar la interpretación de su contenido y la indagación sobre su funcionamiento. Nadie sospecharía que entre tanta decoración marinera un artefacto como ese pueda esconder lo que parece ser una grieta temporal…

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ESCOLIO

Según nuestras investigaciones posteriores, no existen conchas con capacidad de grabación y emisión de sonidos (más allá de los del mar), salvo en el manga de piratas One Piece (OP), donde reciben el nombre de “tone dial”.  La única referencia a “Nika” que hemos encontrado también está en OP [ojo alerta de spoiler para quienes no vayan al día en el manga]. Sin destripar lo esencial de la historia, Nika es conocido en el universo de OP como el “guerrero de la liberación” y obtuvo el título de Dios del Sol por los esclavos a los que liberó.

La “Omniversidad de O’Hara” nos lleva, por una parte, a sospechar que “omniversidad” puede ser una subversión lingüistica intencionada, e incluso llevada a la práctica, de establecer otras instituciones del conocimiento diferentes a la “universidad”. Salta a la vista su intención comparando los prefijos “omni-“ y ”uni-“. También encontramos que el mismo Sun Ra tiene otro disco titulado Omniverse.

En cuanto a O’Hara, la referencia inmediata viene del cine, del apellido artístico de la actriz Marleen O’Hara, estrella del Holywood de mediados de siglo XX. Lo más destacable de su figura en relación a este texto es su notable participación en una película de título tristemente traducido “La isla de los corsarios” (en inglés se llama “Against All Flags”, en contra de todas las banderas, mucho más acertado). O’Hara es la capitana pirata Prudence “Spitfire” Stevens, afincada con otros camaradas en la comuna pirata de Libertalia, en Madagascar.

Lo más sorprendente es que esta comuna aparece en un texto escrito por el CCRU entre 1997 y 2003, donde la califican de “anarquista”, y que se llama “Las Guerras del Tiempo Lemurianas«, donde Burroughs toma conciencia de la existencia del UDU y protagoniza (con el capitán pirata Misson, libertador de esclavos y fundador de Libertalia) una brecha temporal mediante el texto Los lemures fantasmas de Madagascar.

Texto publicado originalmente en el blog Hypersticiones de El Salto

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